Y cada vez que miro al cielo, veo colores y sé que estás ahí

Noviembre nos da la bienvenida con una celebración muy especial: El día de los muertos. De niña tenía miedo de esta fecha, tal vez porque no había experimentado muertes cercanas, no entendía la razón por la cual la gente preparaba comida y visitaba cementerios en esta fecha.

Las tradiciones varían de país a país, pero la esencia en sí, permanece. Se trata de honrar, no al muerto sino el recuerdo de quién nos acompañó en una etapa de nuestras vidas; saludarles y acompañarlos en su tránsito al más allá. Hace poco leí que en tradiciones antiguas esta celebración empezaba el 28 de octubre cumpliendo, cada día, un ritual con velas para cada tipo de alma (almas solas, difuntos olvidados y desamparados, muertos de los muertos (ancestros), muertos pequeños), llegando así al 2 de noviembre para dar la bienvenida a los “fieles difuntos o de los muertos grandes”. El día 1 y 2 se agasaja a estos seres con comida y se concluye el 3 de noviembre con una vela blanca pidiendo a los muertos o a sus almas que vuelva el siguiente año. Aunque típicamente para mí esta fecha se resumía en el mes en donde existe una de mis comidas preferidas, esta vez prefiero recordar con amor a una persona muy especial que ha dejado este plano. Y aunque no prepare una comida especial, creo firmemente que su recuerdo se mezcla con el agradecimiento y reconocimiento por todo lo que marcó en mi vida, y eso es justamente lo que festejaré: El haberte permitido llegar a mi vida.

Pero la muerte también marca el inicio de algo nuevo porque todo es transición y sin muerte no hay vida, sin transición no hay cambio y los seres humanos estamos hechos para estar en constante cambio. Los cambios son necesarios e imprescindibles y es como si nos fueran poniendo a prueba para medir qué tan resistentes somos. Pero no es nuestra resistencia lo que se pone a prueba, sino nuestra capacidad de adaptación a cada circunstancia que se nos presenta, eso es más una invitación a vivir cada día presente en el aquí y en el ahora, es vivir “despiertos” y disfrutando de lo que tenemos, poniendo cada obstáculo a nuestro favor, creciendo con ellos y aprendiendo. Bienvenido noviembre y gracias por recordarme el sendero a seguir.

En recuerdo y agradecimiento a RS.

 

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